LA PEQUEÑA HISTORIA DE LOS VIAJES SENSORIALES
Nacimiento
En 2013 tuvo lugar el primer Viaje Sensorial en un antiguo piso del barrio de Lavapiés, en Madrid. Lo llamábamos La Casa Amarilla. Allí convivíamos varios artistas, compartiendo techo, sueños y caos. El salón —unos cuarenta metros cuadrados con balcones a la calle— se convirtió en un hervidero creativo: conciertos, talleres y encuentros artísticos convivían con dos jams semanales de Contact Impro.
Fue en una de esas jams donde apareció una idea sencilla y, sin saberlo, decisiva: comenzar el baile con los ojos vendados. Lo que iba a ser una introducción de quince minutos se extendió a toda la sesión. Dos horas después, nadie quería encender la luz. La oscuridad había abierto un territorio nuevo.
A partir de ahí las experiencias se multiplicaron. Al principio las llamábamos Jam a ciegas: jams de Contact Impro con los ojos vendados. Pero el concepto pronto desbordó la danza. Ya no se trataba solo de moverse en la oscuridad, sino de explorar un espacio liberado del juicio de la mirada y del desgaste de las palabras. Un océano de posibilidades se abría cuando el cuerpo tomaba el timón. Fue entonces cuando sentí la necesidad de nombrar lo que estaba naciendo. Así surgieron los Viajes Sensoriales.
El círculo creció y salió de la Casa Amarilla. Empezamos a organizarlos en otras salas del centro de Madrid —Estudio 3, Espacio Encuentro, Espacio Alma— y la propuesta comenzó a viajar de boca en boca. Llegaba gente nueva, empujada por la curiosidad. Muchas personas entraban sin saber bien a qué venían. Algunas esperaban una obra de teatro; al descubrir que no había actores ni guion, y que ellas mismas eran las protagonistas de aquella experiencia inclasificable, se sorprendían y, a veces, se asustaban.
La llegada de personas desconocidas lo cambió todo. Por un lado, añadía misterio y emoción: nadie conocía a nadie. Por otro, el espacio dejaba de ser íntimo y predecible. Se abría a nuevas energías y eso traía desafíos.
En aquellos primeros tiempos no había calentamiento o ejercicios de preparación, ni códigos de contacto, ni pautas claras de consentimiento. Nos lanzábamos al viaje confiando en la intuición y la capacidad de adaptación de cada cual. A veces funcionaba; otras, no. Algunas personas abandonaban la sala a mitad de sesión, confundidas o enfadadas. Fue un proceso de ensayo y error.
Ese comienzo me hizo dudar muchas veces. De los Viajes Sensoriales y de mí mismo. Me atraía lo provocador, lo salvaje, lo loco e irreverente de la propuesta; pero también sentía su fragilidad. ¿Por qué sostener algo tan efímero, tan delicado, que parecía escaparse entre los dedos? No sabía entonces que aquella piedra embarrada escondía una joya.
Durante un tiempo dejé de organizar Viajes Sensoriales. El paréntesis aclaró las aguas. Cuando regresé a la propuesta, lo hice acompañado. Se sumaron dos personas clave para que el proyecto pudiera cuajar.
Una fue Macarena Juárez, procedente también del Contact Impro, con un profundo interés por el cuerpo y la presencia. Se estaba formando en Arun Tacto Consciente, eneagrama y terapia Gestalt. Durante años sostuvo los viajes desde dentro, acompañando a los viajeros con escucha y sensibilidad.
La otra fue Javier Marquevichi, entonces en formación como terapeuta Gestalt. Facilitó varios viajes y aportó una mirada precisa y cuidadosa. Con él introdujimos dinámicas previas y juegos grupales que preparaban a los participantes para la aventura.
En 2015, los Viajes Sensoriales cumplían dos años y comenzaban a consolidarse. El equipo de facilitadores, colaboradores y músicos se afianzaba. Aparecieron los viajes temáticos: sin dirigir la imaginación, ayudaban a crear atmósferas sugerentes. Mes a mes viajábamos a la Luna, al Centro de la Tierra, al Origen, a lo Desconocido, a la Ciudad de los Sueños. Cada viaje tenía su música concreta, sus aromas y juegos y dinámicas propias.
Después fueron llegando los códigos táctiles. Gestos simples y preestablecidos —dos palmadas, dos apretones, dos pellizcos— cada uno con un significado claro y concreto. Se explicaban y practicaban antes de entrar en la oscuridad. Gracias a estas señales sencillas, los viajeros contaban con una herramienta clara y efectiva para establecer límites, comunicarse y gestionar el contacto durante la experiencia. Los códigos táctiles facilitaban tanto la conexión y el acercamiento como la retirada, ofreciendo una forma segura, sencilla y respetuosa de relacionarse en un espacio sin palabras, donde el vehículo fundamental de comunicación es el cuerpo.
Los códigos táctiles se volvieron tan centrales que toda la preparación previa al Viaje empezó a girar en torno a ellos, dejando de lado las temáticas. Ya no habría viajes a la Luna o a la Profundidad del Oceano, al menos en los juegos introductorios. Sin embargo, todo ese camino recorrido seguiría siendo aprovechado durante el viaje, utilizando músicas y efectos sonoros para transportar a los viajeros por diversos ambientes y paisajes.
En 2018 llegó otro giro decisivo: los participantes comenzarían el viaje con los ojos vendados desde el primer momento. Sin referencias visuales del espacio ni de los otros participantes, soltar el control se volvía más fácil. La entrega era más profunda.
Para acceder a la sala, los viajeros atravesaban un túnel de cinco metros. Al final, recibían la venda. Ya en la oscuridad total, realizábamos las dinámicas de preparación, adaptadas a ese nuevo territorio.
En 2023 la estructura estaba prácticamente destilada. Recepción, dinamicas de preparación, viaje y cierre formaban un recorrido claro, fruto de años de prueba y error. Con esa experiencia acumulada, pude finalmente ordenar una metodología. Este libro nace de ese proceso.
Así, con la ayuda de Maca, Javi y muchos otros colaboradores, y escuchando atentamente a quienes viajaban, los Viajes Sensoriales fueron tomando la forma que tienen hoy.
Contexto e inspiración
Las prácticas con los ojos vendados atraviesan la historia. Desde rituales prehistóricos hasta juegos infantiles, la oscuridad ha sido un símbolo poderoso. En antiguos cultos mistéricos, los iniciados se cubrían los ojos. En Oriente, monjes pasaban semanas en completa oscuridad para regresar al estado originario. En distintas culturas, la venda marcaba ritos de paso.
La iconografía también habla: Cupido ciego, la Justicia con los ojos vendados. La oscuridad como misterio, imparcialidad, fe o amor. Hoy existen retiros en completa oscuridad y prácticas espirituales que continúan esta tradición.
No hemos inventado nada. Los Viajes Sensoriales existen desde que existimos. Nacemos en un viaje sensorial: sin habla ni vista, descubrimos el mundo a través del tacto, el olfato, el oído y el gusto.
Desde la Casa Amarilla hemos tomado esta práctica milenaria y le hemos dado un nombre, un contexto y un ritual contemporáneo. Un trabajo colectivo nutrido por múltiples disciplinas: Tantra, Biodanza, Terapia Gestalt, Contact Impro, Five Rhythms, Constelaciones Familiares, Psicología Transpersonal, Teatro Sensorial, Bioenergética.
Nunca imaginé que algo tan delicado y controvertido llegaría tan lejos. Hoy, personas de distintas edades y procedencias se reúnen cada semana para cubrirse los ojos y encontrarse más allá de la apariencia.
El sueño de unos pocos locos cuerdos se ha hecho realidad.
Los Viajes Sensoriales se celebran en distintas ciudades, encuentros y festivales. Hemos realizado viajes en teatros, escuelas de danza, estudios de yoga, ashrams, centros sociales, salas de fiestas e incluso en el ámbito académico, dentro de las aulas universitarias de la Facultad de Psicología de la UAM. En varias ocasiones hemos sido invitados a conferencias y coloquios. En 2017, TVE2 realizó un documental extenso en el que se retransmitían fragmentos de uno de nuestros Viajes Sensoriales en el programa A punto con la 2. Diferentes emisoras de radio han dedicado reportajes y entrevistas para dar a conocer esta práctica tan insólita.
El camino recorrido es largo, y el que queda, inmenso. Todavía hay muchos tabúes que romper, heridas que sanar y violencia que enterrar antes de que este hermoso ritual pueda brotar y florecer en cada rincón del planeta.